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domingo, 11 de mayo de 2008

TORNADO CULTURAL

*SONES HUASTECOS

Por: Arturo García Gil

Él dia viernes 9 de mayo, caminando por unas calles de Veracruz, me encontre un festival que con motivo del 10 de mayo. Él grupo de danza “Conelpaqui” , que en totonaca significa: "Jovenez Alegrez”, al mando del maestro Miguel Angel Salgado de la escuela del CBTIZ No 165 de Coatepec de él municipio de Xalapa en el Estado de Veracruz, que hizo su presentacion en el municipio de Estansuela para una escuela primaria para dicho festival, teniendo como fondo una esenografia teatral de la huasteca.

En su mismo tenor bailaron los siguientes sones hustecos: “la presumida”, despues “torito”. Otro cuadro de teatro de la huatesca don de ejecutaron el baile de “petenera” entre otras. Me pude percatar que todas las madres que se dieron cita en dicha primaria no pararon de aplaudir a tan lindas y bellas jovencitas a si como a los caballeron que las acompañaron en sus bailables.

Y para cerrar con broche de oro les voy a explicar el significado y origen preciso de la palabra "huapango" ha dado lugar a polémicas. Las tres posturas más conocidas son las siguientes: a) Proviene del náhuatl "cuauhpanco", que significa leño de madera; "ipan", sobre él; y "co", lugar: es decir, sobre el tablado o sobre la tarima, por lo que los bailes de tarima están comprendidos dentro del huapango. b) Es una alusión a los pobladores del Pango (refiriéndose al Pánuco, río que marca el límite entre los estados de Veracruz y Tamaulipas), a través de una síncopa cuyo significado probablemente haya sido "los cantos y bailes de los huastecos del Pango". Es decir, música y baile de los del Pánuco. c) Es una deformación o derivación de la palabra que da nombre a un canto flamenco: fandango, el cual, además de estar ligado a la génesis del huapango, sirve como vocablo para designar las fiestas en las cuales se ejecuta son huasteco.

Para otros, "huapango" simplemente quiere decir "son huasteco": el son que se toca en las huastecas. El son es un género de música propio de la cultura mestiza. A su vez, el huapango es un tipo de son que se deriva de música prehispánica, de repertorios conocidos por negros y mulatos, y de fandangos y seguidillas españoles que se arraigaron en México en el siglo XVIII o tal vez antes. Aunque de manera laxa son huasteco es sinónimo de huapango, la primera de estas denominaciones puede originar confusión, pues el huapango no es el único son que se toca en la Huasteca, ya que también existe el son de costumbre. Este último es propio de la población indígena, en general sólo se canta, tiene una función ritual, y difiere en estructura rítmica del huapango huasteco.

Por otra parte, es ambiguo llamar al huapango huasteco "huapango" a secas, pues con esta palabra puede hacerse referencia al huapango arribeño y al huapango jarocho. Estos dos tipos de son difieren del huapango huasteco en cuanto a estructura lírica y musical, así como en la dotación de instrumentos y en la forma de las fiestas en las cuales se toca.

Existen dos tipos de huapango: el tradicional y el moderno. El huapango tradicional se interpreta utilizando tres instrumentos: jarana, guitarra quinta o huapanguera, y violín. Este último exige un virtuosismo técnico y una ejecución llena de sentimiento, pues lleva la melodía y realiza los floreos que adornan el son. La jarana huasteca es una guitarra de tamaño pequeño y cinco cuerdas que se utiliza para llevar el ritmo. Es el registro medio entre el agudo del violín y las notas graves de la guitarra quinta. La guitarra huapanguera presenta una gran caja y cinco cuerdas que pueden aumentarse a ocho al usar tres dobles; rasguea y puntea según exija la ejecución dando el apoyo rítmico y el bajeo que pide el baile. El cantante de huapango utiliza repetidamente el falsete y requiere de un registro agudo.

En cuanto a versificación, existen varias formas, pero las más tradicionales son la quintilla y el sexteto con versos octosílabos.
Las estrofas conformadas de esa manera son llamadas coplas. Las rimas pueden ser asonantes o consonantes, siempre entre versos pares y versos nones.
El creador de versos, el trovador, puede solamente componer versos o adquirir también la modalidad de improvisador o repentista: aquel que crea los versos en el momento y según la ocasión. Los autores de los huapangos tradicionales han sido olvidados y sus piezas se han vuelto del dominio público.

El contenido de las coplas es muy diverso. Suele ser festivo debido al carácter profano y mestizo del huapango. Pueden encontrase versos de alegría, amor, desgracia, tristeza o pasión; narraciones épicas y cantos a la tierra. Estos temas también aparecen en el son jarocho y el son jalisciense. Sin embargo, existen algunos matices que distinguen al son huasteco. Los versos del son jarocho son satíricos, humorísticos y pícaros, y los del son jalisciense presentan un tono bravo y gallardo. Los del son huasteco presentan esas cualidades, pero más característicamente expresan melancolía y anhelo unidos a una sublime resignación.

Las piezas son de carácter lírico, en tanto no narran una historia, pues cada copla contiene un mensaje independiente. Por ello, las coplas que aparecen en un son suelen aparecer sin ningún problema en otros sones, y el número de las mismas no es fijo, sino que varía al gusto de los intérpretes o por petición de los escuchas. Por lo tanto, no puede decirse que tal o cual copla es de éste o aquél son, sino más bien que aparece en tal o cual huapango. Esto dota al huapango tradicional de una gran vitalidad y creatividad que rompe las interpretaciones rígidas y permite improvisar.

El baile se ejecuta en parejas, taconeando y pespunteando según sea el ritmo de la música. Su contexto natural es la fiesta de huapango, llamada fandango o huapangueada, que hasta antes de los setenta se llevaba a cabo bajo una enramada o en una galera. Era común la presencia de una tarima sobre la cual se ubicaban los músicos y los bailadores. No obstante, en diversas ocasiones el baile se ejecutaba sobre la tierra. En general, el papel de bailadora es el único que la mujer asume en la ejecución del huapango, aunque en Pánuco, Veracruz, ha habido excelentes y famosas cantantes.

Grupos representativos de este tipo de huapango son Los Camperos de Valles, Los Cantores de la Huasteca, y Los Cantores del Pánuco.

Por otra parte, el origen del huapango moderno -también llamado huapango ranchero, huapango urbano, huapango lento, canción huapango y hasta canción ranchera huapangueada- se ubica en los años cuarenta. El principal responsable de la popularización del huapango fuera de las huastecas fue "El viejo" Elpidio Ramírez, un violinista veracruzano que había emigrado a la ciudad de México en los años treinta. Allí impuso la forma estilizada en que ejecutaba el huapango tradicional, la cual adoptaron diversos tríos de guitarristas y llegó a ser popular en todo el país en los años cuarenta. Aparecieron muchas piezas de huapango moderno que modificaron el son tradicional. Por ejemplo, algunas de estas composiciones hablaban de los huastecos como sujetos muy afines a los charros machos y mujeriegos del cine nacional.

Los autores de este tipo de huapango registran sus piezas y no las dejan al dominio público. Incluso, "El viejo" Elpidio registró como suyos algunos huapangos tradicionales como "El bejuquito", mismos que encontró en un rollo anónimo resguardado por la Biblioteca Nacional y que, al parecer, data del siglo XIX.

Las piezas del huapango moderno carecen de improvisación, utilizan el falsete como un mero adorno, se ejecutan con instrumentos de mariachi, y presentan ritmos de canción ranchera. Además, los versos casi nunca son octosilábicos. De ordinario, las estrofas no son independientes, sino que forman parte de una idea expresada en la totalidad del son. Esto puede deberse a que el son sea narrativo, por lo cual una estrofa tomada de forma aislada cuenta sólo una parte de la historia que relata el huapango. También ello les da el carácter de exclusividad, es decir, cada estrofa pertenece a tal o cual son determinado, en el que expresa una parte del mensaje, pues si se interpreta en otro son, romperá la secuencia del mismo por ser extraño a la idea de tal son o por no poder expresar por sí sola una idea completa. Además, las piezas de huapango modernos hacen uso del estribillo.

Estos grupos también pusieron de moda la utilización de sombreros y trajes charros, así como la cuera tamaulipeca. Entre ellos se incluyen, además del propio Elpidio Ramírez, El Conjunto Típico Tamaulipeco, José Alfredo Jiménez, Los Tariácuri, El Trío Calavera y Los Trovadores Tamaulipecos.

El significado y origen preciso de la palabra "huapango" ha dado lugar a polémicas. Las tres posturas más conocidas son las siguientes: a) Proviene del náhuatl "cuauhpanco", que significa leño de madera; "ipan", sobre él; y "co", lugar: es decir, sobre el tablado o sobre la tarima, por lo que los bailes de tarima están comprendidos dentro del huapango. b) Es una alusión a los pobladores del Pango (refiriéndose al Pánuco, río que marca el límite entre los estados de Veracruz y Tamaulipas), a través de una síncopa cuyo significado probablemente haya sido "los cantos y bailes de los huastecos del Pango". Es decir, música y baile de los del Pánuco. c) Es una deformación o derivación de la palabra que da nombre a un canto flamenco: fandango, el cual, además de estar ligado a la génesis del huapango, sirve como vocablo para designar las fiestas en las cuales se ejecuta son huasteco. Para otros, "huapango" simplemente quiere decir "son huasteco": el son que se toca en las huastecas.

El son es un género de música propio de la cultura mestiza. A su vez, el huapango es un tipo de son que se deriva de música prehispánica, de repertorios conocidos por negros y mulatos, y de fandangos y seguidillas españoles que se arraigaron en México en el siglo XVIII o tal vez antes. Aunque de manera laxa son huasteco es sinónimo de huapango, la primera de estas denominaciones puede originar confusión, pues el huapango no es el único son que se toca en la Huasteca, ya que también existe el son de costumbre. Este último es propio de la población indígena, en general sólo se canta, tiene una función ritual, y difiere en estructura rítmica del huapango huasteco. Por otra parte, es ambiguo llamar al huapango huasteco "huapango" a secas, pues con esta palabra puede hacerse referencia al huapango arribeño y al huapango jarocho. Estos dos tipos de son difieren del huapango huasteco en cuanto a estructura lírica y musical, así como en la dotación de instrumentos y en la forma de las fiestas en las cuales se toca.

Existen dos tipos de huapango: el tradicional y el moderno. El huapango tradicional se interpreta utilizando tres instrumentos: jarana, guitarra quinta o huapanguera, y violín. Este último exige un virtuosismo técnico y una ejecución llena de sentimiento, pues lleva la melodía y realiza los floreos que adornan el son. La jarana huasteca es una guitarra de tamaño pequeño y cinco cuerdas que se utiliza para llevar el ritmo. Es el registro medio entre el agudo del violín y las notas graves de la guitarra quinta.

La guitarra huapanguera presenta una gran caja y cinco cuerdas que pueden aumentarse a ocho al usar tres dobles; rasguea y puntea según exija la ejecución dando el apoyo rítmico y el bajeo que pide el baile. El cantante de huapango utiliza repetidamente el falsete y requiere de un registro agudo.

En cuanto a versificación, existen varias formas, pero las más tradicionales son la quintilla y el sexteto con versos octosílabos. Las estrofas conformadas de esa manera son llamadas coplas. Las rimas pueden ser asonantes o consonantes, siempre entre versos pares y versos nones. El creador de versos, el trovador, puede solamente componer versos o adquirir también la modalidad de improvisador o repentista: aquel que crea los versos en el momento y según la ocasión. Los autores de los huapangos tradicionales han sido olvidados y sus piezas se han vuelto del dominio público.

El contenido de las coplas es muy diverso. Suele ser festivo debido al carácter profano y mestizo del huapango. Pueden encontrase versos de alegría, amor, desgracia, tristeza o pasión; narraciones épicas y cantos a la tierra. Estos temas también aparecen en el son jarocho y el son jaliscience. Sin embargo, existen algunos matices que distinguen al son huasteco. Los versos del son jarocho son satíricos, humorísticos y pícaros, y los del son jaliscience presentan un tono bravo y gallardo. Los del son huasteco presentan esas cualidades, pero más característicamente expresan melancolía y anhelo unidos a una sublime resignación.

Las piezas son de carácter lírico, en tanto no narran una historia, pues cada copla contiene un mensaje independiente. Por ello, las coplas que aparecen en un son suelen aparecer sin ningún problema en otros sones, y el número de las mismas no es fijo, sino que varía al gusto de los intérpretes o por petición de los escuchas. Por lo tanto, no puede decirse que tal o cual copla es de éste o aquél son, sino más bien que aparece en tal o cual huapango. Esto dota al huapango tradicional de una gran vitalidad y creatividad que rompe las interpretaciones rígidas y permite improvisar.

El baile se ejecuta en parejas, taconeando y pespunteando según sea el ritmo de la música. Su contexto natural es la fiesta de huapango, llamada fandango o huapangueada, que hasta antes de los setenta se llevaba a cabo bajo una enramada o en una galera. Era común la presencia de una tarima sobre la cual se ubicaban los músicos y los bailadores. No obstante, en diversas ocasiones el baile se ejecutaba sobre la tierra. En general, el papel de bailadora es el único que la mujer asume en la ejecución del huapango, aunque en Pánuco, Veracruz, ha habido excelentes y famosas cantantes.

Grupos representativos de este tipo de huapango son Los Camperos de Valles, Los Cantores de la Huasteca, y Los Cantores del Pánuco.

Por otra parte, el origen del huapango moderno -también llamado huapango ranchero, huapango urbano, huapango lento, canción huapango y hasta canción ranchera huapangueada- se ubica en los años cuarenta. El principal responsable de la popularización del huapango fuera de las huastecas fue "El viejo" Elpidio Ramírez, un violinista veracruzano que había emigrado a la ciudad de México en los años treinta. Allí impuso la forma estilizada en que ejecutaba el huapango tradicional, la cual adoptaron diversos tríos de guitarristas y llegó a ser popular en todo el país en los años cuarenta. Aparecieron muchas piezas de huapango moderno que modificaron el son tradicional. Por ejemplo, algunas de estas composiciones hablaban de los huastecos como sujetos muy afines a los charros machos y mujeriegos del cine nacional.

Los autores de este tipo de huapango registran sus piezas y no las dejan al dominio público. Incluso, "El viejo" Elpidio registró como suyos algunos huapangos tradicionales como "El bejuquito", mismos que encontró en un rollo anónimo resguardado por la Biblioteca Nacional y que, al parecer, data del siglo XIX.

Las piezas del huapango moderno carecen de improvisación, utilizan el falsete como un mero adorno, se ejecutan con instrumentos de mariachi, y presentan ritmos de canción ranchera. Además, los versos casi nunca son octosilábicos. De ordinario, las estrofas no son independientes, sino que forman parte de una idea expresada en la totalidad del son. Esto puede deberse a que el son sea narrativo, por lo cual una estrofa tomada de forma aislada cuenta sólo una parte de la historia que relata el huapango. También ello les da el carácter de exclusividad, es decir, cada estrofa pertenece a tal o cual son determinado, en el que expresa una parte del mensaje, pues si se interpreta en otro son, romperá la secuencia del mismo por ser extraño a la idea de tal son o por no poder expresar por sí sola una idea completa. Además, las piezas de huapango modernos hacen uso del estribillo.

Estos grupos también pusieron de moda la utilización de sombreros y trajes charros, así como la cuera tamaulipeca. Entre ellos se incluyen, además del propio Elpidio Ramírez, El Conjunto Típico Tamaulipeco, José Alfredo Jiménez, Los Tariácuri, El Trío Calavera y Los Trovadores Tamaulipecos.

Es importante mencionar que algunos tríos de huapango interpretan tanto sones tradicionales como modernos, por ejemplo, Alegría Huasteca, Armonía Huasteca, Los Caimanes de Tampico, El Trío Tamazunchale, y Soraima y sus Huastecos.

lunes, 31 de marzo de 2008

EL PACTO DE LA EMBAJADA

*El niño Dios te escrituró un establo y los veneros del petróleo el diablo”

*Ramón López Velarde

*Suave Patria


Por: Francisco Velasco Zapata

El 17 de febrero de 1913, Francisco I. Madero y el vicepresidente José María Pino Suárez fueron aprisionados como consecuencia de una serie de hechos que se precipitaron cuando el 9 de febrero de 1913 la Escuela Militar de Aspirantes de Tlalpan y la tropa del cuartel de Tacubaya se levantaron en armas contra el gobierno. A pesar de que el país atravesaba la revuelta social, hasta entonces, la ciudad de México había permanecido lejana al campo de batalla y, por primera vez, conoció la muerte de civiles en sus calles, los gritos de los heridos, el retumbar de cañones y la lluvia de balas de ametralladoras.

Una de las primeras maniobras de los sublevados, al mando de los generales porfiristas Gregorio Ruiz y Manuel Mondragón, fue liberar de sus prisiones a Félix Díaz y Bernardo Reyes. Los rebeldes se dirigieron al Palacio Nacional, defendido por el general Lauro Villar. En uno de los primeros combates murió Bernardo Reyes, por lo cual Félix Díaz y Mondragón se refugiaron en “La Ciudadela”.

Por su parte, el Presidente Francisco I. Madero salió del Castillo de Chapultepec rumbo al Palacio Nacional, escoltado por cadetes del Colegio Militar y en compañía de algunos secretarios de estado y amigos (Marcha de la Lealtad); sin embargo, durante una pausa que hizo frente al Teatro de Bellas Artes, el presidente Madero cometió el error de nombrar comandante militar de la plaza a Victoriano Huerta, en sustitución del general Villar, que había sido herido durante el combate.

Al llegar a Palacio, Madero organizó la defensa, mandó llamar a varios cuerpos militares (de Tlalpan, de San Juan Teotihuacán, de Chalco, de Toluca) y el propio presidente decidió ir a Cuernavaca a traer a Felipe Ángeles y sus fuerzas. Huerta, mientras tanto, perdía tiempo en detrimento del gobierno pues había entrado en tratos con los sublevados y se había sumado a la conspiración. Por otro lado, y se tiene documentado, el embajador Henry Lane Wilson (embajador de Estados Unidos en México) intrigaba en contra del gobierno generando rumores de que sólo se podría evitar la intervención armada de los Estados Unidos con la renuncia de Madero.

El papel de Wilson durante este episodio fue tan deplorable que con el tiempo se supo que hacía ostentación ante miembros del cuerpo diplomático acreditado de conocer los proyectos golpistas de Huerta y que notificó al “Departamento de Estado de Estados Unidos” que los rebeldes habían aprehendido al presidente y vicepresidente hora y media antes de que ello sucediera.

Asimismo, cuando Madero y Pino Suárez fueron hechos prisioneros, Wilson ofreció a Huerta y a Díaz el edificio de la “embajada norteamericana” para que llegaran a acuerdos finales, en lo que se llamó el “Pacto de la Embajada” donde se desconocía al gobierno de Madero y se establecía que Huerta asumiría la presidencia provisional antes de 72 horas, con un gabinete integrado por reyistas y felicistas; que Félix Díaz no tendría ningún cargo para poder contender en las elecciones; que notificarían a los gobiernos extranjeros el cese del ejecutivo anterior y el fin de las hostilidades. Al “Pacto de la Embajada” siguió la tortura y asesinato de Gustavo A. Madero, hermano del presidente. Después se presentaron las renuncias del presidente y vicepresidente ante un “Congreso” reunido en “sesión extraordinaria”. Este nombró presidente a Pedro Lascuráin, ministro de Relaciones Exteriores con Madero, quien a su vez renunció y nombró presidente a Victoriano Huerta.

Desde su aprehensión, Francisco I. Madero y Pino Suárez permanecieron en el Palacio Nacional, esperando en vano un tren que los conduciría al puerto de Veracruz, de donde se embarcarían a Cuba, al exilio. De nada sirvieron las gestiones de sus familiares, amigos, los ministros de Cuba, Chile y Japón, ante Wilson para que hiciera valer la influencia que tenía sobre Huerta, ya que el embajador les respondió que él, como diplomático, “no podía interferir en los asuntos internos de México”.

El general Aureliano Blanquet dio órdenes, confirmadas por Huerta y Mondragón, para que la noche del 22 de febrero (1913) se trasladara a Madero y Pino Suárez a la Penitenciaría de Lecumberri. En el trayecto se simuló un ataque y los prisioneros fueron asesinados. La ciudad se levantó con la noticia "Ya mataron a Madero" y aunque la primera reacción fue de indignación, la mayoría de los habitantes de la capital se alegraron del cese de hostilidades, salieron jubilosos a las calles, adornaron las fachadas de sus casas y, en unión de la prensa de la época, ensalzaron a los vencedores y condenaron a los caídos.

Por todo lo narrado en los párrafos anteriores es que, hoy día, llaman poderosamente la atención la serie de preguntas que surgen de la lectura de la obra “México Negro, una novela política” del escritor Francisco Martín Moreno quien cuestiona: si durante la revolución no existían monedas fuertes (ni débiles) para comprar armas, además, a falta de una industria militar nacional como afortunadamente ocurre hasta nuestros días, “¿de dónde salió el dinero para importarlas si para adquirirlas en el extranjero se requerían dólares, libras esterlinas, oro o plata, divisas y metales que no existían en México en razón de la ferocidad del conflicto armado? ¿De dónde salió entonces el dinero para que nos matáramos entre todos los mexicanos...? ¿Qué proveedor extranjero de armas iba a vender un solo cartucho de dinamita a los rebeldes si se le pretendía pagar su mercancía con dinero tan fresco como insolvente que Pancho Villa había impreso la noche anterior en el vagón de su ferrocarril y, sin embargo, ahí estaban los cañones, las municiones, los rifles y las carabinas importadas...?

Poco se ha dicho todavía en torno a la ingerencia de Alemania, Inglaterra y Estados Unidos dada nuestra riqueza en recursos naturales energéticos y nuestra vecindad con el coloso del Norte. ¿Por qué el Kaiser alemán estaba tan interesado en que Estados Unidos le declarara la guerra a México?”

(Cfr. Op. Cit. Joaquín Mortiz,

México, pp. 207-301). ¿Y usted, cómo la ve?