miércoles, 27 de mayo de 2009

BOLETIN INFORMATIVO

Imprimir

*PAIS DE CARICATURA CON TODO Y SUPERHEROE.

Por: Juvenal González González.

(AGENCIA NOTISIFA).-
De la polvareda cubierta con la mayor venta de tapabocas que registre la historia de país alguno, quedaron claras varias cosas, entre ellas: la estupidez de no invertir suficiente y correctamente en educación e investigación científica y tecnológica; la estupidez integrar gobiernos con cuates y no con gente capaz; la estupidez de actuar al “me late” por no contar con diagnósticos certeros para tomar decisiones correctas; la estupidez de aislarse de los proceso de cambio en el Continente; y, la estupidez de someterse a la conveniencia mediática y electoral.

Se sabe desde endenantes que la influenza, cualquiera que sea el nombre, letra o número que se le asigne, no es más ni menos que una gripe cuya peligrosidad es variable. Que el virus que la produce no es un bicho sino una cadena bioquímica en constante transformación, lo que obliga a estar actualizando vacunas y medicamentos. Que como cualquier enfermedad contagiosa, es básico identificar y aislar los centros de infección. Que como cualquier enfermedad, mientras más oportunamente se diagnostique y se trate, menores son los riesgos para el enfermo. Que el mejor remedio para la enfermedad, como para todo mal social, es la prevención.

Ergo ¿qué información tan novedosa y alarmante llevó a Calderón a paralizar y aterrorizar al país y convertirlo en foco de atención y repudio mundial? Misterio. Por eso ha crecido la teoría del complot.

Las cifras, manoseadas y cuchareadas con ignorancia, imprudencia y cinismo inauditos, no justifican el pánico gubernamental, 42 fallecidos al momento de escribir (con severos cuestionamientos en algunos casos) con todo respeto para los muertitos, en una balacera o un camión desbarrancado hay más.

En Estados Unidos Obama, asesorado por especialistas y no por improvisados, procedió de acuerdo con los casos clínicamente probados y aquí Calderón y sus chamacos pendencieros que se “emocionan” con los momentos difíciles, cambiaron la chaqueta militar por la bata blanca.

Con la misma ignorancia y ligereza con que iniciaron la supuesta guerra contra los narcos, abrieron otro “frente” contra la invasión epidemiológica donde “hemos defendido a la humanidad”, con Calderón como superhéroe de esta película, papá.

Sin evidencias suficientes científicamente probadas paralizaron al D.F. y su zona conurbada. Marcelo Ebrard y Peña Nieto, como buenos suspirantes a “la grande” y temerosos de perder su lugar en la historia, se engancharon en la cerdoaventura y se aventaron como el borras a la batalla. Si el gobierno federal no tenía datos duros, ellos menos.

Ya enredado en su telaraña, Calderón hizo extensivo su pánico a todo el país, importándole un pito lo que estaba pasando en cada región y cada entidad. Su avidez por lograr la ansiada legitimidad y salvar a su partido del desastre electoral, expandió la alarma dentro y fuera de nuestras fronteras.

A los pocos días se les cayó el sistema de conteo y recurrieron a los viejos trucos: que si probables, posibles y probados; que no son pero pueden ser; que eran pero ya no son; que son aproximaciones pendiente de verificar; que eso parece ser pero puede variar. Puras patrañas.

Más bolas se han hecho para explicar porqué, cuando el virus ya se ha identificado en muchas partes del mundo y la mayoría de los estados de la Unión Americana; cuando ya hay miles de enfermos por todo el orbe, nomás en México se mueren los infectados.

Al borde de las lágrimas, Calderón se queja de las reacciones de varios países, sin decir que casi todos son de Latinoamérica, los acusa de ignorantes cuando su gabinete y él mismo no saben ni donde están parados. Se le olvida que desde que el PAN llegó al gobierno esos países sólo han recibido agravios. “Comes y te vas” le dijo al Fidel; “que se coman su gas” le dijo a Bolivia; saboteó la Cumbre de Buenos Aires y enfrentó al anfitrión, hoy primer damo de Argentina; y apenas esta semana sumó el “muertos de hambre” a Haití.

Cuando Benito Juárez dijo que el triunfo de la reacción era moralmente imposible, sabía lo que decía. Muy caro estamos pagando haberle permitido encaramarse en el gobierno, haiga sido como haiga sido.

Las pérdidas del país son multimillonarias económica y socialmente. Es un delito que exige juicio político y penal a quienes resulten responsables. La impunidad tiene un límite. Si se deja pasar ésta, los ciudadanos quedarán legítimamente liberados para reconstruir al país y su legalidad, sea como sea. Eso es un Estado fallido, aunque los locutores, comentólogos a sueldo y encuestas cuchareadas pretendan ocultarlo.

Cheiser: A propósito de cerdos, Carlos Ahumada inauguró feria porcina con potentes ventiladores en el estercolero

No hay comentarios.: