viernes, 4 de junio de 2010

POLÍTICA AL MARGEN

*UNA VEINTENA DE AGENTES DE EU VICTIMARON AL MEXICANO

*IMPOTENTES, DECENAS OBSERVARON LA SALVAJE GOLPIZA

Por Jaime Arizmendi

(AGENCIA NOTISIFA).- ¿Qué les inyectan? para odiar a los mexicanos… La noche del viernes, cerca, muy cerca de la frontera México-Estados Unidos, todavía en territorio californiano de San Ysidro pero casi a la puerta de Tijuana, Anastasio Hernández Rojas sufrió una salvaje golpiza propinada por una veintena de agentes de tres organismos aduanales y policiacos de la Unión Americana. Tres días después, el hombre de 42 años de edad y nacido en San Luis Potosí, falleció.

Este miércoles, la oficina forense del condado de San Diego certificó que dicha muerte “constituyó un homicidio”; aunque también, a manera de buscar el deslinde de los agentes golpeadores, añade que en el deceso incidió el consumo de metanfetaminas y la hipertensión arterial. No se habla de una primera golpiza que le habían dado al mexicano.
Según el capitán de la policía local, Jim Collins, un agente de la oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, por sus siglas en inglés), propinó el choque eléctrico al mexicano con la pistola aturdidora el viernes por la noche, en un cruce fronterizo en San Diego. Hernández –adujo--, habría forcejeado y derribado a dos agentes de la Patrulla Fronteriza.

El mexicano murió el lunes en un hospital en Chula Vista. Enseguida, el gobierno de EU lamentó la muerte del inmigrante y aseguró que realizaba una investigación para determinar las circunstancias del fallecimiento. “Es una muerte trágica; nunca queremos ver morir a una persona en nuestra custodia, estamos investigando intensivamente las circunstancias” del suceso, dijo en rueda de prensa John Morton, subsecretario de la CBP.

Luego de la difusión de la golpiza, la propia CBP dijo en su defensa que Hernández Rojas se tornó violento cuando iba a ser deportado y, tras solicitarle dejar de pelear, un agente sacó una pistola eléctrica para controlarlo.

El propio Morton coincidió con el embajador de EU en México, Carlos Pascual, al sostener que el caso les preocupa, para agregar que el Departamento de Seguridad Nacional encabeza una investigación sobre el caso; además de que se mantienen abiertos los contactos con el gobierno de México para compartir cualquier información disponible.

Quizá en ese marco, les resulte de gran utilidad acudir a los videos captados vía celulares de transeúntes, y por las cámaras del Instituto Nacional de Migración (INM de México) que se ubican en la parte mexicana de la garita de San Ysidro, California.

A ello se le pueden agregar los testimonios y narraciones de decenas de mexicanos quienes observaron, incapaces de intervenir, la salvaje agresión con que, al menos 20 oficiales que vestían tres diferentes uniformes, victimaron a Anastasio Hernández.

Un migrante testigo de la golpiza, refirió a periodistas locales su desesperación, la misma que vivieron decenas de personas, al no poder intervenir para detener la agresión de oficiales vestidos de verde, a quienes identifica como elementos de la Patrulla Fronteriza; con uniforme gris, similares a los que usa Inmigración y Aduanas (ICE); y negros, como los de Aduanas y Protección Fronteriza.

Familiares de Anastasio confirmaron que él intentó evitar su deportación hasta en tanto no le atendieran debidamente una lesión, que la mañana de ese mismo día, le habían provocado uniformados norteamericanos con una primera golpiza.

Y mientras las autoridades bajacalifornianas guardan un sospechoso silencio, el delegado del INM en el estado, Francisco Javier Reynoso Nuño, se ha negado a realizar declaraciones ante los medios de comunicación. Su personal se limita a señalar que los hechos ocurrieron en el vecino país. “Al otro lado de la frontera”.

El testigo, quien admite que por haber sido deportado minutos antes se encontraba en el lugar –y por lo cual pide a los periodistas con quienes conversa mantengan su nombre en el anonimato--, expone que un agente del INM tomó los datos de al menos siete personas que grabaron la situación con las cámaras de sus celulares.

Rememora cómo incluso un elemento de la Marina se dijo impotente al no poder intervenir porque los hechos ocurrían en el lado estadounidense. Personas que cruzaban a México gritaban que lo dejaran, que estaban matándolo, pero nada los detenía. Ante la imposibilidad de intervenir, el militar y agentes del INM intentaban retirar a los testigos, pero nadie obedeció; en cambio, tomaron los videos con sus celulares.

Gritos y golpes que provenían de la zona de deportación llamaron la atención de quienes se encontraban en las inmediaciones de la Puerta México. Lo primero que observó el testigo fue a “seis o siete” agentes de la Patrulla Fronteriza que llevaban a rastras a Anastasio. Rodillazos y macanazos precedieron a una primera descarga eléctrica que casi desmayó al mexicano pero aún así quiso levantarse. Ante este intento le dieron una segunda descarga que lo dejó noqueado.
Para entonces ya había elementos vestidos de negro y gris, aparte de los “seis o siete” de la Patrulla Fronteriza, y en total sumaron unos 20. Acto seguido, los agentes lo desnudaron y continuaron golpeándolo hasta que quedó inmóvil. Luego intentaron reanimarlo, pero con métodos que más bien parecían la prolongación de las agresiones.

Mientras, protegidos pro la soberanía territorial, dos elementos de verde (de la Patrulla Fronteriza) se pusieron en guardia, aparentemente para evitar que alguien quisiera brincar la cerca; pero los testigos sólo atinaban a meter las manos entre las rejas y gritarles que ya lo dejaran en paz.

De acuerdo a la narración del testigo: con la rodilla encima de Anastasio, los agentes intentaron reanimarlo, pero desistieron y lo dejaron tirado en el piso hasta que 40 minutos después llegó una ambulancia que se lo llevó cubierto con una sábana. Con la voz entrecortada por el llanto, advierte que no regresará a Estados Unidos ante las muestras de odio de los agentes de aquel país. “No sé qué les dan o qué les inyectan para odiar tanto a los mexicanos…
Ante este lamentabilísimo suceso, registrado a escasas semanas de que en el también vecino estado de Arizona, sea puesta en vigor la conocida ley antiinmigrante, es verdaderamente urgente que los gobiernos de ambas naciones inicien una investigación a fondo y que se aplique un castigo ejemplar a los abusivos agentes. Es claro, en cuestión de derechos humanos, para ellos, ¡Todos somos iguales, pero unos somos más iguales que otros!…

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