sábado, 14 de noviembre de 2009

POLÍTICA D2 PATADAS

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*ENSEÑANZA NORMAL EN LA CALLE

Por: Juan Chávez

(AGENCIA NOTISIFA)
Sin ponerle ojo a la enseñanza normal, México no saldrá de perico perro en la pésima educación que está impartiendo a niños y jóvenes.

Ningún dinero será suficiente para rescatar al país de los rezagos en la calidad de los distintos niveles, desde pre-primaria hasta educación superior.

No es cuestión de recortarle o consagrarle mayores presupuestos. La calidad de la enseñanza se diluye en las escuelas normales donde la preparación de los futuros maestros es precaria y no responde a ningún plan educativo.

El futuro, de tal suerte, está castrado.

Los buenos maestros no abundan; los resultados de la última contratación de maestros, vía examen de opción, demostró claramente las deficiencias en la enseñanza normal.

De hecho, es hasta este año que una evaluación de tal naturaleza se lleva a cabo en México y frente a tan lamentable panorama no se recuerda que la secretaría de Educación Pública de Alonso Lujambio hubiese definido un programa para poner remedio.

Es decir se continúa produciendo malos maestros y los educandos, sin saber leer bien y sin que las matemáticas les entren, seguirán siendo la atroz producción de maestros sin preparación adecuada, y la conclusión de las pruebas enlace a que son sometidos los educandos seguirá mostrándonos que las escuelas, más que centros educativos, operan como guarderías ideales para los padres.

La Escuela Nacional de Maestros fue fundada el 24 de febrero de 1887. Nació, porque así fue hasta hace unos 10 años, para arropar en sus aulas jóvenes destripados que no alcanzaron el pase al bachillerato de las universidades.

Ese es el padecimiento letal de la educación en México, aparte de que hay no egresados ni de la Normal ni de la Normal Superior, que se ganan la vida dando clases en los planteles de educación básica y secundaria, y a quienes se conoce como “Maestros de oficio”.

En esa práctica, contrario a otros países, México acoge en la enseñanza de secundaria a profesionistas relacionados con las materias. Por ejemplo: Un ingeniero químico puede impartir matemáticas o un licenciado en letras, español.

La pedagogía está ausente y esa es la razón básica de los pésimos resultados en las evaluaciones de las pruebas enlace de la SEP y las deplorables calificaciones que la OEA y la OCDE recetan al sistema educativo mexicano.

Recuerdo, en los prolegómenos por incluir en la enseñanza básica obligatoria a la pre-primaria, haberle preguntado a Víctor Bravo Ahuja, secretario de Educación del gobierno de Echeverría ¿por qué no se dedicaba a pedagogas tal misión, en lugar de dejársela a las educadoras? Se trata, le insistí, de moldear con excelencia la arcilla del país.

No me respondió. ¡Claro!, en los 70, la pedagogía apenas había brincado a las aulas de las universidades como nueva profesión.

No había, además, porqué trastornar todo el sistema de enseñanza, si tranquilamente, todavía, las normales eran inundadas por los despanzurrados de la UNAM y del IPN.

Era clásico que para consagrarse como maestro de primaria, los jóvenes se inscribieran en la Normal. Constituía la sustitución del bachillerato y, por lo mismo, quienes deseaban impartir clases en secundaria, se especializaban en la materia escogida en la Normal Superior.

Así, lo más común era ver jóvenes de 19 años parados en aulas llenas de niños y maestros de secundaria de 21 en las que estaban repletas de adolescentes.

El nivel educativo, de malo, pasó a pésimo y esta es la hora en que el gobierno no le mete la mano a la enseñanza normal.

Hasta hace una década la facilidad de ser maestro cambió y ahora los maestros que quieran estudiar para cualquiera de los dos niveles, primero acaban su bachillerato regular, y luego toman la que quieran como cualquier otra carrera universitaria.

Pero... ¿cuántos viejos maestros lo son sin haber cursado bachillerato?

Los servicios educativos están en quiebra. Tanto en forma académica como presupuestal.

El costo de la política fiscal diseñada para 2010 va a pegar de frente y directo a la
educación.

En el gasto público aprobado por la Cámara de Diputados, se van a invertir menos recursos que en el año que está por concluir.

Sin dinero, se alegará finalmente, no será posible poner a salvo a la materia en la que resulta decepcionante enterarse que los educandos no saben leer bien y menos hacer cuentas. (NOTISIFA)

Usted sabe, la Organización para la Cooperación del Desarrollo Económico (OCDE) considera a México reprobado en la enseñanza primaria y a partir de ahí, en los demás niveles no hay resultados como para sentirse orgullosos.

No es disculpa que los maestros estén mal pagados pues tal cosa no es cierta.

En el contrato colectivo de trabajo entre la secretaría de Educación y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) está consagrada la regla de pagar 480 días al año a cada maestro, aparte de bonos y despensas.

Hay, además, un fondo de 10 mil millones de pesos que el poderoso sindicato magisterial de Elba Esther Gordillo maneja directamente para vivienda, creación de plazas y otras cuestiones que transitan bajo opacidad del todo sospechosa, porque no existe obligación de que la organización transparente el gasto de tan millonaria fortuna.

Pero dinero aparte, incluido el recortado presupuesto que le fue asignado a la SEP, el fondo de la mala calidad de la educación mexicana, insistimos, reside en la enseñanza normal, que permanece intocada por el secretario Alonso Lujambio en su propio discurso.

En las escuelas normales radica el desazón educativa. ¿Por qué? Simple: desde que la preparación de los maestros surgió, merced a un decreto de Gómez Farías, en pleno repetitivo gobierno de Santa Ana, poco se le ha tocado.

En cada capital estatal, hay por lo menos una escuela normal y las hay también privadas. Todas coinciden en un denominador común: son un desastre preparando a futuros educadores.

En 1920, con el ánimo de incorporar a los campesinos a los planes educativos de la Revolución, se crearon las escuelas normales regionales que después fueron llamadas rurales.

Para 1927 las bases de organización de las escuelas normales rurales, incluyeron internado que debía organizarse como una familia.

Las primeras escuelas trabajaron con un plan de estudios de dos años que combinaba materias académicas con el aprendizaje de labores agrícolas y oficios rurales.

Tales planteles, que llegaron a ser hasta 16, desaparecen en 2008 como uno más de los fallidos proyectos impulsados del siglo pasado y sostenidos hasta esta primera década del XXI.

Quizá porque las normales rurales llegaron a ser importante semillero de socialistas que, como Lucio Cabañas, surgido de la Escuela Normal Rural “Isidro Burgos” de Ayotzinaga, Guerrero, tomaron las armas de la reivindicación social, es que se decidió borrarlas del mapa educativo mexicano.

En ese plantel, en su entrada principal, se leía, antes que nada, esta leyenda:

“Cuna de la corriente social”.

Como haya sido, las escuelas normales de las urbes y las rurales, no han servido más que para chuparse los dineros del pueblo que el gobierno le extrae vía impuestos que, como los que se estrenarán en 2010, va asestar severos golpes a la economía de las familias, sobre todo a las de la clase media.

Los impuestos, desgraciadamente, todavía no reciben respuestas agradables del sistema educativo de la nación porque ni gobierno ni el poderoso sindicato magisterial sueltan la riqueza, en millones de pesos y centavos, que tal prenda representa.

Cómo que la educación en México, con una enseñanza normal que más hay que identificar como lastre que como su origen, constituye el primer capítulo de lo que llamo “Los Resentimientos de la Nación”.

Y creo, como el gran Morelos se llevó sus Sentimientos, yo me llevaré mis resentimientos...

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